Te sientes tremendamente cómodo en la sombra, observándola. Apenas oyes el murmullo de la gente. Los focos la convierten en protagonista. La música fluye y su cuerpo la acompaña con movimientos realmente sensuales. La ves moverse. Es tan joven, hermosa y sexy…
Estás en pie. Das la espalda a un público numeroso. Sabes que clavan sus ojos en tí, juzgándote. Te concentras y tu campo visual se reduce a un metro. Ya no existe nadie. Sólo tú y el sonido. Inspiras tan hondo como puedes y en cuanto la música llega a tus oídos empiezas a moverte.
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